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STEEPY en la intimidad.

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Vista al Cielo

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STEEPY. Stand for laptops, tablets & phones.

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La frase de las 18:00 aunque sean las 18:29

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La Puerta Cerrada.
No es extraño abrir o cerrar las puertas. Es interesante, causa curiosidad, angustia, a veces; miedo en la madrugada, o terror si estas solo. Otras veces entras y sales como siempre, como si vivieras ahí, así de cerca, como en un abrir y cerrar de puertas, porque hay puertas abiertas y hay puertas cerradas. 
Esa puerta, la que da paso a la habitación de al lado, la puerta enchapada de madera con más de 59 años de abrir y cerrar, está cerrada. Pero algunas veces está cerrada y otras veces abiertas. No es acaso una de las tantas tareas de una puerta?
— No! Esta vez está cerrada.— Insiste con cierto nerviosismo como si la puerta de siempre no debe estar cerrada.
— Es que no te das cuenta? No ves que la puerta está cerrada? Al principio no le di mucha importancia. La puerta está cerrada. Y?
Mantuve la vista en el libro, leí mientras la ignoraba a ella y a la puerta.
De reojo siento como se aleja de la puerta.
— Por Dios, son las tres de la tarde, cualquier puerta tiene derecho a estar abierta o cerrada. Como mejor se sienta. 
Con linterna en mano derecha y destornillador en la izquierda observo con los ojos abiertos como se inclina frente a la puerta para asomarse por la cerradura. O es su ojo, o es la linterna o el destornillador de la mano izquierda, pero todos juntos no caben por el ojo de la cerradura de la puerta cerrada. 
— Quién está ahí? — susurró con los labios pegados a la cerradura. 
Comencé a preocuparme un poco. Coloque mi libro abierto en mis piernas cerradas, abrí los ojos y escuche atento antes de soltar la carcajada.
La encuentro agachada con la mirada fija en la puerta cerrada, con las rodillas pegadas al suelo, en una posición poco cómoda para una persona de su edad. Sobre todo a esta hora, las 3:16 pm. 
Me estremecí de tanto sostener la risa en el cuerpo, intuitivo o irracional no importa, a lo mejor después de tantos años podrías tener razón.
Será cierto lo que estoy viendo? La puerta sí está cerrada, ella está agachada. Colocó la linterna en el piso y enterró el destornillador hasta el fondo de la cerradura. 
La puerta se mantiene firme. Su posición es no ceder ante el ataque del destornillador.
No va abrir.
— Mira, mira tú! Mira que no abre.— Le dio con fuerza a la manilla. Estuvo a punto de convencerme. La puerta está cerrada. 
Indiferente ante la insistencia, acepto la invitación, dejé el libro abierto sobre el sillón de cuero negro.
Me acerco lentamente hacia la puerta cerrada con un extraño temblor en las piernas.
La puerta está cerrada! 
— Es que no ves que la puerta está cerrada? Mira, mira!— Toca y toca la manilla y la puerta está cerrada. 
No estoy preparado, mi cuerpo duda y suda, desde donde estoy parado hasta la puerta cerrada.
La observo agachada y tiemblo junto con la puerta cerrada. En un arrebato de impotencia y rabia, con las dos manos sujetas a la manilla intenta desesperada abrir la puerta. 
La puerta está cerrada! 
Es hora de tomar la puerta en mis manos. Sin prestar atención a la desesperación que se apodera de ella, coloco mi mano en la manilla de la puerta cerrada. Giro a la izquierda, giro a la derecha y está cerrada, con todo y seguro. 
— Dónde está la llave? — pregunto por primera vez en 59 años. Dónde está la llave? Grito mientras seco el sudor de las manos en el pantalón. 
— Viste? Te diste cuenta? La puerta está cerrada! Te lo dije! 
— Y la llave? Dónde está la llave de la puerta? No ves que está cerrada?— Giro con fuerza la manilla, empujo la puerta con la manos. Me detengo, respiro, cierro los ojos, coloco el oído derecho en la puerta, trato de escuchar el otro lado. No se escucha nada. Retiro el oído y con el puño cerrado toco la puerta cautelosamente. No quiero asustar a nadie. TOC TOC TOC! Y dónde estará la llave? Quién cerró la puerta? De dónde salió está puerta?
Me apartó sin previo aviso y con las dos manos agarro la puerta y la empujo con todo el cuerpo. Me resbalo tras su ataque, el sudor me vence, caigo al piso junto a ella quien agotada y con lágrimas en los ojos afirma. 
— Esa puerta nunca ha tenido llave… Es la única puerta en la casa que nunca ha tenido llave.— me dijo vencida. 
Tomados de la mano, sentados los dos como teníamos tiempo, abrazados, agotados, complacidos y distraídos vimos como la otra puerta, aquella donde todos los años colgamos los adornos de Navidad también está cerrada.

La Puerta Cerrada.
No es extraño abrir o cerrar las puertas. Es interesante, causa curiosidad, angustia, a veces; miedo en la madrugada, o terror si estas solo. Otras veces entras y sales como siempre, como si vivieras ahí, así de cerca, como en un abrir y cerrar de puertas, porque hay puertas abiertas y hay puertas cerradas.
Esa puerta, la que da paso a la habitación de al lado, la puerta enchapada de madera con más de 59 años de abrir y cerrar, está cerrada. Pero algunas veces está cerrada y otras veces abiertas. No es acaso una de las tantas tareas de una puerta?
— No! Esta vez está cerrada.— Insiste con cierto nerviosismo como si la puerta de siempre no debe estar cerrada.
— Es que no te das cuenta? No ves que la puerta está cerrada? Al principio no le di mucha importancia. La puerta está cerrada. Y?
Mantuve la vista en el libro, leí mientras la ignoraba a ella y a la puerta.
De reojo siento como se aleja de la puerta.
— Por Dios, son las tres de la tarde, cualquier puerta tiene derecho a estar abierta o cerrada. Como mejor se sienta.
Con linterna en mano derecha y destornillador en la izquierda observo con los ojos abiertos como se inclina frente a la puerta para asomarse por la cerradura. O es su ojo, o es la linterna o el destornillador de la mano izquierda, pero todos juntos no caben por el ojo de la cerradura de la puerta cerrada.
— Quién está ahí? — susurró con los labios pegados a la cerradura.
Comencé a preocuparme un poco. Coloque mi libro abierto en mis piernas cerradas, abrí los ojos y escuche atento antes de soltar la carcajada.
La encuentro agachada con la mirada fija en la puerta cerrada, con las rodillas pegadas al suelo, en una posición poco cómoda para una persona de su edad. Sobre todo a esta hora, las 3:16 pm.
Me estremecí de tanto sostener la risa en el cuerpo, intuitivo o irracional no importa, a lo mejor después de tantos años podrías tener razón.
Será cierto lo que estoy viendo? La puerta sí está cerrada, ella está agachada. Colocó la linterna en el piso y enterró el destornillador hasta el fondo de la cerradura.
La puerta se mantiene firme. Su posición es no ceder ante el ataque del destornillador.
No va abrir.
— Mira, mira tú! Mira que no abre.— Le dio con fuerza a la manilla. Estuvo a punto de convencerme. La puerta está cerrada.
Indiferente ante la insistencia, acepto la invitación, dejé el libro abierto sobre el sillón de cuero negro.
Me acerco lentamente hacia la puerta cerrada con un extraño temblor en las piernas.
La puerta está cerrada!
— Es que no ves que la puerta está cerrada? Mira, mira!— Toca y toca la manilla y la puerta está cerrada.
No estoy preparado, mi cuerpo duda y suda, desde donde estoy parado hasta la puerta cerrada.
La observo agachada y tiemblo junto con la puerta cerrada. En un arrebato de impotencia y rabia, con las dos manos sujetas a la manilla intenta desesperada abrir la puerta.
La puerta está cerrada!
Es hora de tomar la puerta en mis manos. Sin prestar atención a la desesperación que se apodera de ella, coloco mi mano en la manilla de la puerta cerrada. Giro a la izquierda, giro a la derecha y está cerrada, con todo y seguro.
— Dónde está la llave? — pregunto por primera vez en 59 años. Dónde está la llave? Grito mientras seco el sudor de las manos en el pantalón.
— Viste? Te diste cuenta? La puerta está cerrada! Te lo dije!
— Y la llave? Dónde está la llave de la puerta? No ves que está cerrada?— Giro con fuerza la manilla, empujo la puerta con la manos. Me detengo, respiro, cierro los ojos, coloco el oído derecho en la puerta, trato de escuchar el otro lado. No se escucha nada. Retiro el oído y con el puño cerrado toco la puerta cautelosamente. No quiero asustar a nadie. TOC TOC TOC! Y dónde estará la llave? Quién cerró la puerta? De dónde salió está puerta?
Me apartó sin previo aviso y con las dos manos agarro la puerta y la empujo con todo el cuerpo. Me resbalo tras su ataque, el sudor me vence, caigo al piso junto a ella quien agotada y con lágrimas en los ojos afirma.
— Esa puerta nunca ha tenido llave… Es la única puerta en la casa que nunca ha tenido llave.— me dijo vencida.
Tomados de la mano, sentados los dos como teníamos tiempo, abrazados, agotados, complacidos y distraídos vimos como la otra puerta, aquella donde todos los años colgamos los adornos de Navidad también está cerrada.

Grabando en blanco.

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La frase de las 18:00 aunque sean las 18:54

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La frase de las 18:00 aunque sean las 18:45

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